Una reflexión personal

Léanlo, ahora ya.

La cueva de Elenor

Ante el polémico “artículo” que no es más que una mirada de la ci-fi actual que se vive en Chile. Tengo algunas cosas que decir.

Creo que palabras me sobran para referirme a este “artículo”. La verdad es que leerlo fue algo que me causó mucha repulsión. Partiendo por donde se niega la imagen de Mary Shelley como una de las precursoras de la Ciencia Ficción, pasando por el como nuestra “sensibilidad de mujer” no nos permite poder escribir ciencia ficción y terminando en nuestra exacerbada crítica destructiva entre nuestras pares.

En el olvido quedaron escritoras como Úrsula K.Le Guin, Lois McMaster Bujold, Elia Barceló entre otras excelentes autoras que han marcado este género en específico. Simplemente el autor nos reduce a la “Inexistencia”. Menciona códigos en la ci-fi que no especifica, ni tampoco aporta fuentes de referencia para respaldarse. De paso deja ver el completo desconocimiento sobre la postura…

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“SUICIDA AFORTUNADA”

En varias ocasiones pensé en el “suicidio”, y en otras, lo intenté, pero siempre hubo una luz que me hizo recapacitar y me consoló de todo el dolor que sentía en ese momento. Pensar en el suicidio no es tarea fácil, no es algo que lo piensas de un momento a otro, no es algo que lo tomas a la ligera, es la última opción que se te cruza en el camino cuando ya no queda nada.

Muchas veces he oído y leído cuestionamientos y críticas sobre los suicidas: ¿Qué pasó por su cabeza? ¿Cómo no se dio cuenta de que tenía una familia que lo apoyaba? ¿Cómo es posible que haya tomado esa opción si hay tantas cosas buenas en la vida? ¿Qué ocurrió para que terminara matándose? ¿En qué pensaba? ¿¡Qué mierda pensaba!? “Qué estúpido que hiciera eso, cuando hay tantas opciones”, “Lo hizo porque era débil, así de simple”, “Nunca quiso recibir ayuda, nunca buscó ayuda”, “Es una decepción total”, “Nunca dio lo mejor de sí mismo para recuperarse”, “Esa persona no tenía el coraje de querer vivir”, “Sabía que tenía que hacer, pero no lo hizo”, entre muchas más. Podría contar muchos más comentarios, comentarios que seguramente fueron dicho de otra forma y llegaron a oídos de las personas que decidieron acabar con su vida. Y eso, es algo que de verdad, me entristece mucho.

Nunca me había atrevido a hablar sobre esto, porque es algo demasiado delicado y puede causar gran revuelo. Aclaro en este mismo instante que mis intenciones no son promover el suicidio, y tampoco, justificar estos actos, mis intenciones es abrir el corazón al mundo con algo tan sensible. Algo que muchas veces se es juzgado sin tener la mínima consideración de ponerse en el lugar de esa persona.

Cuando nos enteramos de que una persona terminó con su vida, siempre se recae en algunos de los cuestionamientos o críticas que mencioné anteriormente; y bueno, si no lo has hecho, te lo agradezco por ser prudente y por empatizar con alguien que seguramente estaba sufriendo inmensamente.

Ahora bien, te preguntarás:  ¿A qué va esto? Esto surge por algo muy personal, algo que he ocultado por mucho tiempo. He fingido por años estar “bien”, he aguantado un montón de abusos que me han roto desde lo más profundo. Ni siquiera mi familia sabe de esos sufrimientos. Es que… da tanta vergüenza contarle a otro, sea cercano o no, algo que te robó gran parte de tu luz. Es difícil abrirse cuando el mundo gira en una completa incomprensión. Sé que se espera que uno sea capaz de contar sus cosas a sus padres, pero… ¿qué hacer cuando ni siquiera eso es posible? ¿qué hacer cuando lo intentaste, lo hiciste y este te juzgó y culpó? No queda otra que tomar silencio, recoger tus piezas e ir en busca de tu propia sanación. Y es aquí donde quería llegar. Cuando estás quebrado, cuando te han dejado a la deriva, cuando te culpan, te humillan y… abandonan, ¿Qué ocurre? Pues, pueden ocurrir muchas cosas, pero en su mayoría, caemos en una tristeza inacabable. Y es aquí, cuando lo has intentado todo, cuando has hecho de todo, cuando te esfuerzas extremadamente y nada da resultado, cuando mantienes la calma y el huracán no para, cuando todo está cursado y te cansas, cuando lo único que recibes son críticas, prejuicios y mensajes de odio, es ahí, cuando el suicidio puede tocar a tu puerta. Y lo dejas entrar por un momento, conversas con él, y él, te hace sentir comprendido, o es eso lo que te quiere hacer sentir. El suicidio aparece cuando no hay nada ni nadie que te consuele.  Y aquí, es donde los cuestionamientos podrían ser enfocados de otra manera: ¿Cómo fui el último tiempo con esa persona que se suicidó? ¿Habré sido compasivo? ¿Habré sido amable? ¿Lo habré escuchado con amor? ¿Le habré ofrecido una mano de ayuda? ¿Lo abracé cuando mi intuición me lo dijo? Se podría entregar amor a alguien que de verdad lo necesita, no es algo tan complicado. No obstante, como humanidad estamos domesticados a ser un mundo superficial, poco empático, egoísta e insensible. Estamos acostumbrados a fingir.

Por otra parte, yo, he pensado en el suicidio muchas veces, hasta lo intenté, pero siempre llegó una luz que me consolaba cuando más lo necesitaba. Muchas personas piensan y creen que no me esfuerzo en nada. Pues, no tienen ni la mayor idea de todo lo que he hecho. Ni siquiera saben por lo que de verdad he pasado. Y sé que lo mío, al comparar otros casos, no es la nada. Sin embargo, eso no quiere decir que no duela, que no me afecte, que no me entristezca, al contrario, mis pesares son válidos y los llevo lo mejor que puedo. Por eso, me catalogo como una suicida afortunada, me encantaría acabar con todo esto, pero… esa luz que me queda y que renuevo constantemente, me motiva a seguir; soy afortunada de ya no permitir que me siga apagando. Es más, gracias a ello he crecido y aprendido mucho. Y a pesar de que, soy una mujer solitaria por haber perdido a mi familia, haber quedado a la deriva, por haber sido destrozada desde niña, sigo aquí, intentándolo una y otra vez. Siempre queriendo seguir adelante. Y eso, es algo que nadie ve y nunca verá. Si, soy culpable de algunas cosas, pero no me culpen por ser quien soy, sé lo que hecho y lo que no he hecho; y lo que NO he hecho es ser indiferente y apático con el sentir de la gente.

Una de las lecciones que me ha dejado el suicidio, cada vez que toca a la puerta es que: Un abrazo, un beso, unas palabras de amor, una muestra de cariño y comprensión, una conversa, el escuchar a otro sus dramas, un amable consejo, el acompañar al que sufre y entregarle consuelo, son algunos de los actos que pueden salvar una vida y quizás, mucho más.

MALDITO DOLOR

No sé por donde empezar, tengo tanto que decir, tanto que dejar ir. Estos últimos días han sido difíciles, esto de tener que fingir que todo anda bien, el aguantar tanto y ya no saber qué hacer para poder aplacar el dolor, me están llevando a la desesperación. A decir verdad, extraño los días en que el dolor sólo era algo “normal”, un corazón roto, una decepción o un dolor de cabeza que en cosa de días desaparecería. Extraño eso, sentir dolores que en cuestión de tiempo, con el tratamiento indicado, se irían. Pero no es mi caso, tengo un serio problema con el dolor, y, aunque muchos duden de mis dolencias, son muy reales. Conozco muchos casos de personas que sufren lo mismo que yo y nos sentimos tan incomprendidos. El escuchar cosas tales como: “Todo está en tu mente”, “Ah, eres una hipocondríaca certificada”, “No creo que sea para tanto”, “Anda al psiquiatra”, “Expresa lo que sientes”, “Todo esto es por tu culpa”, “A ti te gusta sufrir”, “Lo haces para ser una vaga de por vida”, entre muchas más, son “consejos”, “prejuicios”, “palabrerías” que de verdad, no aportan nada. Y aclararé esto de inmediato, “No tenemos esto por gusto, lo odiamos con todo el alma”.

No saben lo duro que es para una persona que sufre de Fibromialgia o cualquier otra enfermedad tener que dejar de hacer cosas en su vida por culpa de esa “maldición”. De verdad, es duro ver como el dolor o una enfermedad, después de tanto batallar, domina cierta parte de tu vida. Te inundas en la tristeza por ver como tus esfuerzos por querer sanarte, por estar estable, se van al carajo porque tu cuerpo colapsa por dolores o síntomas que ni siquiera sabes de donde provienen. Es desesperante, tu paz interior se agota con el tiempo, llegas a un punto donde pierdes toda esperanza; pero, sin embargo, te quedas ahí, en algún lugar sereno de tu vida, en algún recuerdo que te dé el aliento que tanto necesitas. Además, trabajarás constantemente en eliminar los prejuicios que te echan y echarán para abajo, haciendo oído sordo a todo lo contaminante. Tomarás todos los días una bocanada de esperanza para seguir adelante. No te rindes, a pesar de que, estás embarrada por todas partes de desespero. Pues, sigues ahí, aguantando, creyendo tanto para ti y los demás que nada te va a derribar, que esos dolores no son más fuertes que tú. Sigues creyendo inocentemente que, esto no es más que una pesadilla, y que mañana, despertarás sana, sin dolores ni tristeza, sin prejuicios e incomprensión. Siguiendo el camino que te tocó, sin miedo, sabiendo que en su transcurso decaerás, pero te volverás a levantar, convirtiéndote, al fin y al cabo, en una guerrera que vencerá en todas sus magnitudes esos malditos dolores.

MANTÉN LA CALMA

Todos hemos pasado por un momento de tristeza, angustia o desesperación por un asunto X de la vida y, aunque muchas veces es algo difícil de lidiar, está bien perder “a veces” un poco el control para reencontrarnos y crecer.

Como muchos sabrán, alrededor de cuatro años que padezco de dos enfermedades que en el día de hoy me tienen un poco cansada, bastante cansada tengo que confesar. Se me está haciendo complicado aguantar tanto y no poder hablar abiertamente y, sobre todo, hablar tranquilamente sobre estos momentos de tanto dolor y falta de aliento. No queda otra que entrar al Blog y escribir; y aunque no será un escrito para destacar, sé que es la mejor opción para al menos botar una pequeña parte de esos malos pensamientos y sentimientos que muchas veces me desbordan.

Si tienes dudas sobre qué es lo que está ocurriendo, intentaré explicarte lo mejor posible. Yo sufro de dolor crónico, fatiga, y, en muchas ocasiones problemas cognitivos y anímicos (memoria, atención, concentración, comprensión, depresión o ánimo bajo). Imagina o ponte en el lugar de que, todos los días, no hay día en que no sientas dolor persistente en músculos y articulaciones (hasta en el esternón y costillas). Unos dolores y cansancio general como si hubieras hecho demasiado ejercicio y no te puedes ni las piernas, más el dolor articular punzante. Eso lo siento todos los días, en cada momento de mis días. Ahora a eso, súmale la fatiga que muchas veces puede llegar a ser extrema, puedes dormir más de diez horas y te sentirás igual de cansado, como sino hubieras dormido por días. Ahora bien, al conocer los dos males que tendré de por vida (dolor y fatiga), se viene otro de los males y el que más me desespera: “Tu mente ya no es la misma”, te cuesta poner atención, tu memoria falla constantemente, muchas veces intentas comprender tu entorno y a los demás y das jugo, porque no estás bien, ya que intentas llevar tu cuerpo y hacerlo funcionar de la manera más óptima. Así que, todo se te hace lento, agotador y a veces hasta agobiante.

Dime, ¿Cómo te sentirías si tu cuerpo estuviera así? ¿Podrías llevar todos estos males todos los días y no sentirte aunque sea un poco triste o angustiado? ¿Cómo te sentirías, teniendo en cuenta que esto será para toda la vida y puede variar entre algo más tolerable o intolerable? Dime, ¿Cómo te sentirías?

Muchas veces me han dicho que es una exageración, y entiendo el porque lo dicen, hasta yo a veces me lo digo, porque no me gusta para nada sentirme así. En todo caso, mala forma de llevar el momento, decirse o decir a otro eso no aporta nada. Así que lo vuelvo a repetir: No me gusta estar y sentirme así, lo detesto. Estoy agotada y he hecho todo lo que he tenido a mi alcance para encontrar alguna cura o algo que alivie todo este caos que muchas mujeres y hombres pueden padecer. El padecer Fibromialgia no es algo que esté de moda, no es algo que se desee, no es algo que se invente porque para muchos es una forma de ser un vago por la vida, no es porque seamos “hipocondríacos”, no somos nada de eso. Sólo padecemos de un mal poco estudiado y se nos toma por “LOCOS” por la poca empatía e ignorancia existente. Es más, todos los que la padecemos sólo queremos recuperarnos para tener una vida más tranquila, sin dolor y malestares que, hablando muy seriamente, en cosa de tiempo te pueden arrebatar la oportunidad de vivir una buena vida.

 

UN POCO DE TERAPIA

Salir de relaciones tormentosas es difícil, quieras o no, siempre que intentas salir de esto algo te hará volver y creer que esa vez será diferente, pero no, no es así. Las relaciones tormentosas no mejoraran o cambiarán de la noche a la mañana, es todo un proceso, un proceso que puede ser larguísimo o imposible de lograr.

Hace un tiempo, caí presa de una relación tormentosa, una relación que por más que intentaba llevar, me terminó llevando a lo más oscuro de la vida; fui sometida a grandes amenazas y salí lastimada de la manera más profunda, pues, estaba perdiendo mi esencia. Tal como lo había mencionado, me perdí por un buen tiempo, mi autoestima cada vez disminuía más y más. Y yo, la tonta seguía con la esperanza de que algún día mejoraría, que todo lo que estaba dando haría que todo floreciera y que en un futuro próximo, o más bien, lejano me sentiría amada. ¡Vaya error! Eso nunca iba a ocurrir. Yo lo daba todo y la otra parte, daba poco, o, en realidad, no daba nada.

Me tomó tiempo darme cuenta de que, no sólo me estaba apagando, sino que estaba sacrificando mi persona por una relación que lo único que hacía era arrebatarme esas ganas de vivir que tanto me había costado recuperar. Lo sé, suena un poco exagerado, ni yo lo puedo creer. Muchas veces pensé que yo era la “sensible” y que nada tenía sentido. No obstante, el día en que me di cuenta que esto no me estaba llevando a nada bueno, fue cuando me miré directamente en el espejo y me vi sin vida. Esa luz que había recuperado estaba desapareciendo. Me apagué por completo y fue ahí, cuando me decidí darle término.

Me costó terminar algo en lo cual había dado tanto, pero fue lo mejor. Ya era evidente de que mi decisión sería tomada sin ninguna importancia. Que no afectaría, que salir adelante sería cosa de tiempo. Y que… por fin, iba a recuperarme, recobrando mis energías y autoestima que perdí por culpa de mi ingenuidad.

Hay tantas cosas que quedan en el tintero, he aprendido tanto, de eso no me puedo quejar, pero para poder recuperarme en un mil por ciento, necesito escribir. Poco a poco iré subiendo material sobre mi futura recuperación. La vida me ha sorprendido un montón este último tiempo.

Adiós

A lo largo de mi corta vida, me he visto atacada por crisis de ansiedad y una depresión que me ha dejado con ganas de querer desaparecer. Sin embargo, aún sigo aquí, dando la pelea a todo  y, no sé qué es lo que me tiene atada a intentarlo una y otra vez, sin darme por vencida. Quizás sea una fuerza superior, una fuerza que me dice constantemente que yo puedo seguir adelante, que todo se calmará y que nada podrá derribarme si yo así lo quiero.

Hace no más de un año, que tenía un fuerte miedo a regresar a mis malos hábitos, en caer en ese mundo oscuro y tortuoso. Pero, eso no ocurrirá, hay algo que descubrí hace unos días, y es que, ya no soy esa mujer que se dejaba llevar por la corriente del dolor y mal. Algo en mí cambió. No sé cómo y por qué, pero algo cambió. Me siento diferente, me siento con fuerzas y con ganas de seguir avanzando, sin importar lo que se venga. Ya no tengo miedo de ser algo o “ese” alguien que muchas veces pensé que podría ser. No fui ni fue, no es y nunca seré. Ya no tengo nada ni a quien temerle. Si miro mi vida de ahora en adelante, tengo mucho que agradecer y donde sentirme en casa. Tengo una familia postiza que me acoge siempre y cuando lo necesito, asimismo, tengo amigos que son un tesoro, con los cuales puedo confiar hoy y siempre. Tengo de todo para seguir con mi vida. Tengo lo suficiente para caminar y vivir lo mejor posible. Adiós miedos, traumas, daños profundos. Adiós a todo aquello que me tuvo atada a la perdición. No pienso regresar, es parte del pasado y así se quedará.

#182días y mi ansiedad

En este año 2018 me propuse una gran desafío, el cual consiste en cambiar, o mas bien, en mejorar mis hábitos alimenticios, incrementar rutina de ejercicios y meditación, como también, seguir más rigurosamente mi tratamiento para mis males.

Sin embargo, hay algo en mí, algo dentro de mi cabeza que no deja estar tranquila. Hay algo que me provoca mucha ansiedad. Un miedo incontrolable sobre el futuro de la meta a lograr. Un nerviosismo a que pueda cometer graves errores. Es un pasado que no me deja hallar el equilibrio entre salud y bienestar.

Pues, bueno, hablar sobre el pasado se me hace difícil, pero iré poco a poco contándolo por este medio. Pero, antes que nada, quiero aclarar que todo lo que vaya escribiendo por aquí, no es más que algo que sufrí hace un par de años y estoy mejor, y bueno, si te llegas a sentir identificad@ y necesitas compartir tus vivencias y experiencias estaré aquí para leerte, aconsejarte en lo que más pueda y ser un alma amiga, de eso no lo dudes (Puedes enviarme un correo al email que está puesto en mi perfil o dejar un comentario, como gustes). Pues, siempre he pensado que, en casos como estos, a veces se necesita alguna especie de apoyo, un amigo con quien conectar y saber que, aunque por más que uno piense y sienta que está solo, no lo está, ya que siempre habrá alguien en este planeta que habrá pasado por algo muy similar.

Así que… sin más rodeos, comenzaré con el contar un poco de ese pasado que me abruma hoy en día y que provoca esa ansiedad que me hace tropezar con la meta que me he propuesto para este nuevo año.

Primeramente, contarte otra vez que este año decidí crear y seguir un reto de 182 días donde estaré cuidando de mí y superando ciertos miedos. Y justamente, es el miedo a los hábitos alimenticios el que me tiene con una ansiedad de los mil demonios. Puede que sea un poco estúpido lo que vaya a contar, pero es mi realidad; y puede que no sea la única que pasa o ha pasado por algo así.

Hace un par de años, sufrí desórdenes alimenticios, sufrí de bulimia y anorexia nerviosa. Y a pesar de que, nunca fui capaz de buscar ayuda psicológica en su momento, salí del embrollo con mis propios medios. Fue difícil, recuerdo que muchas veces recaí en los malos hábitos y, en cosa de días volvía a retomar el buen camino. Pero, ahora que lo pienso y analizo bien, se me pasó la cuenta. Sufrí tanto con el tema de mi apariencia y peso en ese entonces, que terminé excediéndome otra vez. Si en el pasado me propuse ser delgada, muy delgada y mantenerme así por el resto de mi vida, ahora soy todo lo contrario. Me excedí con el querer recuperarme de esas dietas extremas para bajar de peso en que me sometí. Ahora, soy una persona con sobrepeso y no es un sobrepeso liviano, pues, estoy muy pasada de peso. Todo debido a que mi relación con la comida es horrible. No logro encontrar un equilibrio y ahora sufro las consecuencias. Si en el pasado fui muy delgada con unos hábitos alimenticios peligrosos, en el presente soy gorda con unos hábitos alimenticios horripilantes. Pareciera un chiste, una mujer que sufrió bulimia y anorexia ahora no es más que una mujer gorda y enferma.

¡Qué vergüenza!

No quiero que se mal entienda, ser una mujer con problemas de cualquier tipo, estando bajo del peso o muy alto del peso correspondiente es preocupante. Los dos estados son perjudiciales para la salud. Así que, si sufres alguno de los dos estados te entiendo mucho, he pasado por las dos caras de la moneda y aún no logro estar tranquila a lo que respecta ser sana y saludable.

No obstante, cuando me propuse retomar el buen camino por una vida sana y saludable en todos sus aspectos, el pasado floreció dentro de mi cabeza y me aterré. Sé que mis hábitos alimenticios cambiarán para bien, pero temo que me lo tome tan en serio o que algo me golpee y comience otra vez por el mal camino. Así comenzó en el pasado, no me veía bien físicamente y me dije: “Hey, necesitas mejorar” y comencé a cuidarme, todo iba bien, comía lo que debía y hacía ejercicios, pero algo en mí me hizo dar un vuelco insano y terminé comiendo con suerte una pequeña ración de comida en el día y luego lo cambié por una ración de comida una vez a la semana. Lo sé, fue algo estúpido y no quiero volver a eso. Por eso, nuevamente mi ansiedad. Tengo desconfianza sobre mis futuros actos. Tengo miedo de volver, de caer y no darme cuenta de que me desvié. Tengo sentimientos encontrados ante esta nueva ruta. Este nuevo desafío que sólo pretende mejorar mi vida y hallar ese equilibrio que tanto necesito y quiero encontrar.

Sólo me queda pedir al universo que me llene de sabiduría y valor para enfrentar mis miedos y dolores que me tienen en un vaivén de decisiones dañinas. Y el primer consejo sabio que he recibido es abrirme a escribir sobre estos temas que a muchas mujeres nos ha tocado.

Más adelante hablaré sobre por qué/cómo/cuándo comenzó mi problema con la comida y todo lo que trajo consigo. E iré contando como me va con este nuevo comienzo.

Un abrazo acogedor.

Cazador de Colibríes – Camila Durán Barrios

La cueva de Elenor

Datos de la obra:

Título: Cazador de Colibríes
Autora: Camila Duran Barros
Ilustraciones:

Páginas: 74 págs.
Año de publicación: 2016, Editorial Puerto de Escape
Género: Fantasía, Autoayuda.

Sinopsis:

Todos alguna vez hemos perdido el rumbo de nuestras vidas. Justamente ahí comienza esta novela breve, con un pie en la fantasía y otro en la autoayuda. Conoceremos a un adulto que despierta solo y confundido en una playa desierta. Deberá aventurarse en medio de este mundo irreal, rodeado de animales parlantes, otros humanos a la deriva y lugares de ensueño. Allí participará en un juego mortal, corriendo el riesgo de perderlo todo, incluso su alma, pero que le hará crecer en espíritu y conocimiento, gracias a un inesperado nuevo amigo, un adorable colibrí. Y cuando todo parecía marchar de maravillas, la magia hace de las suyas y el protagonista es atrapado en las garras del amor. Casi enloquecido, hará todo lo necesario para ganar esta apuesta definitiva, intentando convertirse así, en lo que muchos han anhelado por siempre, ser un
auténtico “Cazador de colibríes“, sin miedo a la muerte.

Opinión :

La historia comienza con el despertar de un joven en…

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